Las secuelas son la cara menos visible de la pandemia

Las secuelas son la cara menos visible de la pandemia

Anosmia, fibrosis pulmonar, lesiones cardíacas son algunas de las las secuelas de la COVID-19, la cara menos visible de la pandemia.

Los efectos de la pandemia son agudos en forma de muertes, hospitalizados e ingresados en UCI, estos han sido ampliamente difundidos por multitud de medios de comunicación.

La otra cara de la pandemia, la de las secuelas crónicas, es mucho menos visible y conocida.

Según el portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), Benito Almirante, se especula que entre un 5 y un 10% de las personas que estuvieron ingresadas tendrá consecuencias. 

El perfil del paciente con mayor riesgo de desarrollar secuelas tras la recuperación es aquel que ha sufrido una COVID-19 grave, con largo tiempo de ingreso en la UCI y uso prolongado de ventilación mecánica.

Las secuelas por COVID-19

Pérdida de olfato y gusto persistente

La pérdida total de olfato (anosmia) o parcial (hiposmia) es uno de los síntomas más característicos de la COVID-19.

Según el estudio de seroprevalencia en España, un 43% de las personas que dieron positivo en la prueba de anticuerpos había declarado experimentar pérdida de olfato, en ocasiones combinada con pérdida del gusto.

La mayoría de las personas con este síntoma recuperan estos sentidos al cabo de tres semanas.

Se sabe que la anosmia crónica puede aparecer en personas de más de 50 años afectadas por otras infecciones virales de las vías aéreas superiores y algunas de ellas no recuperan nunca el olfato.

Síndrome post-UCI

Los pacientes pueden sufrir una importante pérdida de la masa muscular y alteraciones en la funcionalidad de los nervios periféricos que pueden ser muy duraderas y afectar a actividades tan cotidianas como andar o comer.

También destacan las secuelas psiquiátricas de pacientes en UCI con COVID-19: de acuerdo con un estudio, un 34% de ellos sufría ansiedad, el 29% depresión y un 22% síndrome de estrés postraumático.

Algunas personas también padecen déficits cognitivos y problemas serios de memoria que pueden confundirse con el alzhéimer.

Fibrosis pulmonar

Una de las secuelas en las personas afectadas por la COVID-19 que más temen los profesionales sanitarios es la presencia crónica de lesiones en los pulmones.

La neumonía característica provocada por el coronavirus podría llevar a una cicatrización perjudicial para estos órganos, que limitaría su funcionalidad.

Muchos pacientes graves que se han recuperado siguen mostrando pulmones con alteraciones en las radiografías y algunas personas siguen sufriendo dificultad respiratoria, con necesidad de oxígeno.

Trombosis

La aparición de coágulos sanguíneos en los pacientes hospitalizados por COVID-19 es una complicación frecuente.

Sin embargo, también se está detectando este problema cardiovascular en las personas recuperadas de la infección por coronavirus.

El caso más mediático fue el de Javier Ortega Smith, que tuvo que ser ingresado de urgencia en el hospital por trombos en una pierna y en los pulmones.

Problemas renales

Un pequeño porcentaje de los pacientes con COVID-19 puede sufrir daño en los riñones. 

Entre un 5 y un 10% de aquellos que acabaron ingresados en la UCI padecerá una complicación que provoque insuficiencia renal aguda y obligue a aplicar diálisis u otros tratamientos de sustitución de la función renal.

La mayoría de estas personas recupera la funcionalidad del riñón durante la fase de convalecencia, pero no todas. Todavía no está claro si en determinados pacientes que no recuperan la función renal.

Lesiones cardíacas

Entre un 25% y un 35% de los pacientes críticos por la COVID-19 presenta daño en el corazón. El daño más frecuente es la inflamación de la pared muscular cardíaca (miocarditis) que suele ser reversible.

Sin embargo, un bajo porcentaje de las personas llega a sufrir infarto agudo de miocardio, cuyas lesiones son permanentes, implica una pérdida de funcionalidad cardíaca de por vida.

¿Diabetes?

Recientes investigaciones científicas han observado que la COVID-19 podría provocar la aparición de diabetes tipo 1 transitoria o permanente en algunas personas que no padecían esta enfermedad previamente.

La diabetes se originaría por la destrucción de las células beta de los islotes pancreáticos, que son las responsables de la producción de insulina, lo que llevaría al aumento de la concentración de glucosa en sangre.

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Fuente: El Diario

José Pedro Martín Escolar
Licenciado en Derecho, Máster en Asesoría Fiscal y Abogado colegiado. Más de 15 años de experiencia en la dirección de Despachos Profesionales. Inversor en startups tecnológicas y fundador de Rosetta Advisor y del Centro de Innovación de Despachos Profesionales.

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