El vino que nace del confinamiento

El vino que nace del confinamiento

El vino que nace del confinamiento se hace a partir de una solera de tintilla de Rota de origen desconocido y de características excepcionales.

Nos hemos quedado en el 2001 con Carlos Ruiz y un vino dulce de tintilla del que “sobró un barril de 900 litros que se quedó olvidado en un rincón de la nave central de la bodega en Jerez.

En el 2001 elaboramos un vino dulce que se vendió a diferentes distribuidores de toda España, trabajada como si fuera una Pedro Ximénez, al estilo de las tintillas que elaboraba Lustau en los años ochenta del siglo pasado.

Relata Ruiz.

Si en un lugar saben de las virtudes del confinamiento es en Jerez. Los pasillos de sus bodegas guardan barriles que el tiempo convertido en cofres de tesoros enológicos, algunos aún por descubrir.

El añorado enólogo Manuel Lozano se encargó de esa tarea a partir de la absorción de Lustau por Bodegas Caballero, en 1990, y descubrió maravillas cuya historia recupera Carlos Ruiz.

La tintilla de Rota es una uva tinta que se presume emparentada con la graciano, típica esta de La Rioja, donde en tiempos recientes está cobrando protagonismo.

Por su parte, la tintilla se ha usado desde siempre en el sur para vinos tranquilos, y con este fin también el presente la está devolviendo a las vinotecas con nuevas etiquetas.

En cuanto a los vinos generosos, su fama no es nueva y ha llegado lejos, y sus virtudes la distinguen del resto de los linajes del marco de Jerez.

Esta es la historia de un barril de 900 litros olvidado

Su sucesor, Sergio Martínez, resucitó aquella joya por primera vez en el 2017, como parte de una colección limitada de single cask, vinos de una sola barrica.

Cuando fueron a probar aquel barril descubrieron que de las 56 arrobas que contenía 16 años atrás se habían evaporado 20, más de trescientos litros, y el vino restante se había concentrado maravillosamente.

En un viaje reciente a Mallorca para visitar la distribuidora Catavinos, Ruiz aún pudo comprarles una botella del 2001 y hacer una cata comparativa con el contenido de la barrica.

Todas las características de vino están intactas, pero en la barrica se presentan como condensadas, más intensas. Como si el paso del tiempo y el confinamiento, hubieran amplificado la voz del vino.

Ruiz relata que la etiqueta de esta botella, imposible de datar hoy, parece corresponder a las que Lustau producía cuarenta años atrás para distribuidores en el extranjero.

 De un lado a otro del océano, de confinamiento a confinamiento, con la copa en la mano, podemos soñar que dos silencios largos hablan el mismo idioma del vino que nace del confinamiento.

Fuente: La Vanguardia

Sobre el Autor:

José Pedro Martín Escolar
Licenciado en Derecho, Máster en Asesoría Fiscal y Abogado colegiado. Más de 15 años de experiencia en la dirección de Despachos Profesionales. Inversor en startups tecnológicas y fundador de Rosetta Advisor y del Centro de Innovación de Despachos Profesionales.

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