El derecho a la desconexión digital

El derecho a la desconexión digital

El derecho a la desconexión digital es un tema muy complejo, pero que está tipificado en la ley española. ¿Hasta dónde puede llegar un empleado a estar conectado a su trabajo en, por ejemplo, vacaciones? Hablamos de todo ello en una nueva entrada del blog de Rosetta Advisor, tu buscador de Despachos Profesionales.

En la era digital, la línea roja que separa la vida laboral y la vida personal es cada vez más delgada, o al menos más confusa. El concepto de desconexión digital se ha difuminado, y ello es así a pesar de las medidas tomadas por los gobernantes para garantizar su efectividad.

La Ley Orgánica de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales se refiere a la desconexión digital como el derecho que tienen los trabajadores a ser respetados por las empresas durante su tiempo de descanso, permisos y vacaciones, es decir, fuera del horario de trabajo legal o convencionalmente instaurado. Del mismo modo, en su intimidad personal o familiar.

Lo cierto es que la inmersión en el mundo digital ha supuesto cambios profundos en los usos y costumbres laborales. Algunos de ellos, sin duda, positivos, como la posibilidad de trabajar desde cualquier punto sin más necesidad que una conexión WiFi. Pero este avance dificulta que la jornada laboral tenga un principio y un final correctamente delimitados. El resultado de todo ello es una hiperconectividad que pasa factura y se traduce en algunos casos en estrés o ansiedad.

Es bajo estas premisas que algunas empresas españolas –la pionera fue AXA– se pusieron a la cabeza del derecho a la desconexión digital y aplicaron medidas en este sentido. En Francia, por ejemplo, se impulsó en 2017 una reforma laboral que ya reconocía ese derecho, mientras que en España hubo que esperar hasta el 2018 para regular ese derecho.

Pero, como queda dicho, han sido algunas empresas las que se han avanzado a los legisladores para hacer frente a los síndromes derivados de esta hiperconectividad que genera problemas como el burnout (estrés crónico del trabajador quemado), la tecnofatiga (cansancio provocado por la continua exposición a la tecnología informática) o el estrés anticipatorio (generado por la espera de un correo electrónico fuera del horario laboral).

En este sentido, no sirve apelar al carácter voluntario o la libertad del trabajador de desconectarse, ya que puede resultar engañoso en el marco de una relación de subordinación. Además, la ley deja a las empresas un amplio margen de libertad respecto a las modalidades de ejercicio del derecho a la desconexión. En cualquier caso, es necesario realizar acciones de formación y sensibilización sobre un uso razonable y adecuado de las tecnologías, para así establecer unas soluciones y unas pautas de comportamiento.

Más allá de lo que dictamine la ley y de lo que apliquen las empresas a título particular, la desconexión digital se antoja como un elemento que redunda en el beneficio de los empleados y de los empleadores. Así, para el trabajador, la desconexión digital mejora la conciliación familiar y reduce la tensión, la ansiedad y el estrés, con lo que se logra desconectar del trabajo y a la vez se obtiene una mayor motivación por él. Para la empresa, la desconexión ofrece una mejora de la productividad y un mayor compromiso de los empleados, que además proporcionan una mayor calidad y rendimiento en su trabajo al disminuir el estrés. Se reduce, además, el absentismo laboral y la empresa mejora su imagen de marca.

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